Tras la conquista del archipiélago canario y el descubrimiento de América, Canarias se convirtió en una zona estratégica en medio de atlántico: cientos de barcos que viajaban a América desde Europa, pasaban por aquí, y viceversa, siendo las Islas el lugar perfecto para abastecerse de alimentos y agua para el largo viaje.
Y claro, debido a ese aumento de tráfico marítimo, a ese ir y venir de buques cargados de víveres y mercancías valiosas, la piratería en Canarias no tardó en llegar, viviéndose momentos de máxima tensión, no solo en el mar, sino en las zonas costeras de las islas.
Así que, hoy en los pódcast de Guanchipedia, hablaremos de algunos de los personajes que formaron parte de la Historia de la Piratería en Canarias, algunos canarios, y otros no. Aquí vinieron franceses, ingleses y berberiscos, e incluso holandeses. Dime, ¿quieres conocer a alguno de ellos?
Así que, preparen las roscas, cotufas, millitos o floritas porque comenzamos.
Aprende sobre la Historia y la Cultura de las Islas Canarias con los Pódcast de Guanchipedia.
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La Piratería: Una parte de la Historia del Archipiélago Canario
La Historia del Archipiélago Canario está marcada por la presencia de saqueadores, de piratas o corsarios que llegaban a las islas para desvalijar a los isleños: robar alimentos y ganado e incluso capturar personas para venderlas como esclavos.
Luego, tras la conquista de las Islas, la piratería en aguas de Canarias se intensificó y desde el primer tercio del siglo XVI hasta principios del siglo XIX, estos delincuentes actuaban sin piedad en alta mar.
Para que te hagas una idea, estos personajes se organizaban y, de forma estratégica, se aprovechaban todas aquellas zonas marítimas exentas de cualquier jurisdicción estatal. De hecho, asaltar barcos para robar a sus tripulantes e incluso secuestrar las naves y sus tripulantes, era su pan de cada día.
A raíz de los continuos ataques de piratas, se produjeron cambios en las zonas costeras de Canarias: los isleños se vieron obligados a militarizarse. ¿Y de qué forma? Te preguntarás. Pues mu sencillo, comenzaron a construir castillos repletos de cañones, como el histórico cañón tigre, que «supuestamente» arrancó el brazo al almirante inglés Horacio Nelson cuando intentaba invadir la ciudad de Santa Cruz de Tenerife en 1797 (Ten en cuenta que tuvo que ser otro tipo de arma de fuego la que dañó el brazo del almirante, pero la leyenda popular afirma que fue el cañón)
Gracias a todas estas construcciones defensivas, a estas torres y castillos, Canarias evitaba que muchos de estos piratas llegaran a tierra firma y asaltaran las viviendas más próximos a la costa, de ahí que muchas poblaciones comenzaran a situarse lejos de la costa.
Cabe mencionar que a las Islas también llegaban corsarios que, a diferencia de los piratas, eran marineros contratados por el propio Gobierno de un Estado para hacer lo mismo que los piratas: asaltar y robar aquellas embarcaciones de un país enemigo.
Para que te hagas una idea, el estado le otorgaba a ese marinero lo que se conoce como patente de corso, algo así como carta blanca para hacer lo que quisieran con ese país con el que un estado tenía algún tipo de enemistad.
Varios fueron los corsarios que llegaron a las costas de Canarias: Francois Le Clerec, apodado “Pata de Palo”, que saqueó e incendió el puerto de Santa Cruz de La Palma; el almirante inglés Horatio Nelson, que llegó a la isla de Tenerife para robar y controlar isla, y el holandés Van der Does, que desembarcó en la costa de Las Palmas de Gran Canaria, con más de 70 buques de guerra y miles de soldados, para hacer de las suyas.
Una vez clara la diferencia, hoy hablaremos de algunos de estos personajes tan conocidos en esa época, capaces de sembrar el miedo tanto en la mar como en tierra firme.
Hoy conocerás la historia del pirata tinerfeño Ángel García (apodado como “Cabeza de Perro”), el corsario tinerfeño Amaro Rodríguez Felipe (apodado “Amaro Pargo”), considerado durante muchos años como pirata, hasta que se demostró (de forma documentada) que había pactado con el estado, el corsario francés Francois Le Clerec (apodado “Pata de Palo”), que saqueó e incendió el puerto de Santa Cruz de La Palma y al almirante inglés Horacio Nelson, protagonista de la Batalla de Santa Cruz de Tenerife del año 1797.

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Cabeza de Perro, el temido pirata tinerfeño
El célebre pirata tinerfeño Ángel García, apodado como “Cabeza de perro”, fue protagonista de una de las escenas más crueles de la piratería.
Cuenta la historia que, cuando realiza el recorrido desde La Habana a Nueva York a bordo de su navío “El Invencible”, se le cruzó en su camino un barco de vela.
A sangre fría y sin titubear, asaltó el navío y asesinó a todos sus tripulantes. Eso sí, una mujer y su hijo lograron esconderse en el interior del barco durante el fragor de la pelea, pero no sirvió para nada. Finalmente, el pirata los descubrió y fueron lanzarlos al mar y hundir el barco para no dejar ni rastro.
A pesar de la terrible tragedia, tanto la mujer como el niño, sobrevivieron a la emboscada del navío de Cabeza de Perro y fueron rescatados por el velero italiano por nombre “Centauro”, que casualmente navegaba por esa zona. Una vez a bordo, la mujer y su hijo dejaron constancia de la barbarie que había cometió el temido navío de Cabeza de Perro.
A raíz de estos hechos, el pirata canario no volvería a ser el mismo. Atormentado por la culpa que sentía, decidió dejar la piratería y regresar a Canarias.
Una vez allí, fue apresado y encarcelado en el Castillo de Paso Alto, situado en la actual ciudad de Santa Cruz de Tenerife. Y, poco tiempo después, fue ejecutado por las autoridades de aquella época por todos aquellos delitos que había cometido.
Como curiosidad, en la ermita de San Telmo, situada en la misma ciudad, se conserva un barco tallado que, según dicen, el pirata Cabeza de Perro entregó a la Virgen del Carmen antes de su ejecución.
El corsario Amaro Pargo
Otro de los personajes célebres de la piratería en Canarias fue Amaro Rodríguez Felipe, apodado “Amaro Pargo”. Lo de “pargo” quizás venga por su agilidad en el mar. Vamos, se movía como pez en el agua y de ahí, que llevara el nombre de un pez, el pargo.
Este corsario tinerfeño fue muy popular en su época no solo por amasar una gran fortuna, sino por su bondad. Se asegura que, con gran parte de aquellos bienes que saqueaba, los regalaba a aquellos isleños que realmente lo necesitaban.
Curiosamente, durante muchos años, Amaro Pargo fue erróneamente considerado como un pirata y, en realidad, este navegante canario conseguía sus botines gracias a la patente de corso que recibió por parte del rey de la época, algo así como carta blanca para hacer lo que quisiera.
Tanto es así que el célebre corsario pudo entrar en batallas con aquellos barcos enemigos a la corona, como, por ejemplo, los buques ingleses y holandeses que se cruzaban con ellos en aquellos viajes comerciales que se llevaban a cabo a La Habana.
En su ciudad natal, San Cristóbal de La Laguna, es donde se encuentran sepultados los restos mortales de este corsario tinerfeño. Y así, junto a otros de sus familiares, la lápida de la tumba de Amaro Pargo se encuentra en la Iglesia de Santo Domingo de la ciudad lagunera.
Algunos de los datos más recientes se han podido conseguir gracias a la exhumación de sus restos llevada a cabo por un equipo del Laboratorio de Arqueología Forense de la Universidad Autónoma de Madrid (Lafuam) y de Arqueomedia.
Curiosamente, tanto las pruebas de ADN como la recreación de su rostro, ha sido financiada por la saga de videojuegos Assassin’s Creed de Ubisoft porque servirá para la promoción de la cuarta entrega de esta saga de videojuegos.
La leyenda de Amaro Pargo sigue muy viva en las islas, incluso siempre se le recuerda por su supuesta historia de amor con una monja de clausura, Sor María de Jesús, conocida como «la Siervita».
Sor María de Jesús fue una moja dedica a la oración, la contemplación y diversas labores dentro del convento de Santa Catalina en La Laguna, pero se hizo muy conocida en Canarias porque su cuerpo permanece incorrupto con el paso de los años, ahí, en el mismo monasterio lagunero.
Cada 15 de febrero (aniversario de su muerte) el cuerpo de la monja es expuesto al público y miles de devotos peregrinan a verla a ella en el interior de una urna de cristal, dentro del sarcófago de madera policromada.
Aunque la relación entre Amaro Pargo y Sor María no haya sido confirmada, históricamente hablando, su historia de amor forma parte de la tradición oral y literaria, algo que añade a la figura de este corsario tinerfeño ese halo romántico que tanto gusta, y engancha.
Francois Le Clerec (apodado “Pata de Palo”)
A mediados del siglo XVI, el corsario francés Francois Le Clerec llegó a Canarias con una intención muy clara: saquear e incendiar el puerto de Santa Cruz de La Palma.
En aquella época, La Palma se enriqueció muchísimo porque fue uno de los principales puertos entre América y España, y muchos buques hacían parada obligatoria en esta zona del archipiélago. Y claro, atraídos por esas riquezas de la que todo el mundo hablaba, el corsario francés Francois Le Clerec llegó a la isla bonita la tarde del 21 de julio de 1553 y, sin titubear, atacó la ciudad palmera.
Durante diez días la población de Santa Cruz de La Palma resistió a los duros ataques de la tripulación del corsario Francois Le Clerec, aunque fueron inevitables los saqueos y el posterior incendio que asoló a toda ciudad. Tal fue la magnitud de dicho enfrentamiento que mucha documentación relevante de nuestra historia fue destruida.
A raíz de este ataque, el Rey Felipe II ordena al Ingeniero Militar Leonardo Torriani a viajar a Canarias en 1557, para acondicionar los castillos existentes y así proteger a la Isla, y otras del archipiélago, de nuevos ataques de corsarios o piratas.
Horacio Nelson
Otro de los corsarios que vinieron a Canarias para hacer más mal que bien fue el almirante inglés Horacio Nelson.
Supuestamente, este militar inglés llegó a Tenerife en el año 1797 para saquear los barcos de la antigua flota de las Indias que estaban atracados en el puerto de la ciudad. Estos buques venían desde América portando grandes cantidades de oro de la recaudación de los impuestos del Rey de España.
Así que, el 22 de julio de 1797, a las costas tinerfeñas arribaron 9 barcos, con casi 400 cañones y 4.000 hombres, y aunque se acercaron con sus chalanas (sus lanchas) al norte de la ciudad tinerfeña, a la playa de Valleseco, el viento echó por tierra ese primer desembarque.
Su intención era muy clara, subir la ladera y atacar y controlar el Castillo de Paso Alto, que protegía la ciudad de Santa Cruz. Pero claro, los tinerfeños ya los vieron venir y los británicos perdieron el factor sorpresa.
Y aunque finalmente las tropas de Nelson desembarcaron en la Costa del Bufadero y desde muy temprano comenzaron a subir el Alto del Ramonal, en la cima de la Montaña les estaban esperando cientos de tinerfeños armados hasta los dientes, por lo que echaron a escape hacia sus barcos.
Pero Nelson era un cabezudo (un cabezota), y siguió con la matraquilla de atacar. Tanto es así que tres días después, la madrugada del 25 de julio, sus cañones atacaron el Castillo de Paso Alto, una de las fortificaciones más importantes que formaban parte de ese conjunto defensivo de Santa Cruz de Tenerife.
Luego, unos 700 hombres del británico se dirigieron al muelle para controlar el otro castillo de la ciudad, el Castillo de San Cristóbal, un castillo que estaba situado donde ahora está la actual Plaza de España y su fuente de agua. Una fortificación defensiva que ha sido testigo directo de los ataques de muchos de los navegantes que llegaban a la ciudad.
Los tinerfeños hundieron bastantes chalanas, otras lograron desviarse hacia el sur arrastradas por la corriente y solo unas pocas sí desembarcaron en el muelle y la Playa de Alameda.
En esa contienda, el Almirante Nelson fue gravemente herido en el codo derecho por la metralla de un disparo de un cañón, el famoso cañón tigre. Tras horas de lucha, finalmente los británicos acordaron negociar para salvar sus vidas.
Y así, la isla de Tenerife, no logró caer en manos de los británicos y siguió formando parte del reino de España.
Cada año se conmemora la gran victoria de Tenerife contra los británicos, cada 25 de julio se lleva a cabo la Recreación de la Gesta y decenas de personas vestidas de militares de la época. Además, para conmemorar este hecho histórico victorioso para el Archipiélago Canario, en la misma ciudad existe una estatua llamada “El Grito» o «La pescadora embarazada”.
Sin duda, las Islas Canarias han sido el epicentro de muchos de los acontecimientos históricos vividos de Europa y, los piratas y corsarios, no podían faltar en la historia de nuestras islas
Espero que te haya gustado conocer un fisquito más de nuestra historia, de la historia de la piratería en canarias. Y como siempre decimos en Guanchipedia, conociendo el pasado, se entiende el presente y se cambia el futuro.
Ya sabes, si quieres conocer más sobra la historia y cultural de Canarias, sigue escuchando los pódcast de Guanchipedia. Y si deseas consultar la bibliografía y referencias utilizadas para la creación de este pódcast, visita el Blog de Guanchipedia: guanchipedia.com. Nos vemos en el próximo episodio. Besitos, mis niños, y mis niñas
¡Besitos, mis niños y mis niñas!
Guion, Grabación y Edición del Pódcast: Mónica Blanco, divulgadora científica y cultural, creadora de la Guanchipedia
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📍 Fuentes de inspiración y referencias consultadas:
- Pódcast 13-T3. “Los dos personajes ilustres de la piratería en Canarias”. https://guanchipedia.com/dos-personajes-historia-de-la-pirateria-en-canarias/
- Pódcast 4-T7. “El ataque del corsario Van der Does a Las Palmas de Gran Canaria” «. https://guanchipedia.com/corsario-van-der-does-quiso-conquistar-gran-canaria/
📍 FOTOGRAFÍAS utilizadas en el vídeo pódcast:
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