Hoy toca viajar virtualmente a la isla de Lanzarote, hoy viajaremos al Parque Nacional de Timanfaya, un universo de fuego y lava.

Nos sumergiremos en un espacio natural de origen totalmente volcánico, el único de toda la provincia de Las Palmas y el único de toda España de carácter notablemente geológico, que además representa el volcanismo histórico y reciente de las Islas Canarias (Junto al último acontecido en la isla de La Palma)

Si no quieren perderse el siguiente Podcast y quieren disfrutar de algunas peculiaridades de este Parque Nacional, así como algunas historias y leyendas más interesantes de esta isla, preparen las roscas, cotufas, millitos o floritas porque comenzamos.

 

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En la Tierra del fuego se creó: El Parque Nacional de Timanfaya

 

 

Al suroeste de la isla de Lanzarote, en los municipios de Yaiza y Tinajo, podemos encontrar un área natural protegida por su paisaje único, su belleza volcánica extraordinaria y elevado interés vulcanológico y ecológico.

En la isla más oriental del archipiélago canario podemos encontrar un Parque Nacional que representa el vulcanismo reciente en las Islas Canarias: el Parque Nacional de Timanfaya.  Uno de los cinco Parques Nacionales más visitado de Europa junto al Parque Nacional de El Teide, el Parque Nacional de Garajonay, Guadarrama y los Picos de Europa.

El 9 de agosto de 1974 fue declarado oficialmente como Parque Nacional, un estatus legal otorgado por su indiscutible riqueza geológica. Y, junto a toda la isla, en el año 1993 fue declarado Reserva de la Biosfera, otra distinción que reconoce internacionalmente a la isla de Lanzarote como uno de los espacios naturales relevantes por su interés cultural, biológico y ecológico.

Asimismo, con el paso de los años y debido a la importancia geológica de esta zona de la isla de Lanzarote, en el año 1987 fue declarado Espacio Natural Protegido junto a otras zonas volcánicas de la isla, garantizándose así la conservación del medio natural volcánico.

¿Por qué el Parque Nacional recibe el nombre de Timanfaya?

Este Parque Nacional canario recibe el nombre de Timanfaya en honor a una de las localidades que quedó sepultada por la lava de las erupciones volcánicas acontecidas en el siglo XVIII y en la que se situaba la montaña de Timanfaya.

A pesar de la casi ausencia de vegetación, es un área natural protegida por sus innumerables estructuras geomorfológicas provocadas por las numerosas erupciones volcánicas, algunas incluso ocurridas entre 1730 y 1736, y la más reciente en 1824.

Debido a los sucesivos procesos eruptivos durante esa época en la isla de Lanzarote, dejaron un paisaje único de más de 25 volcanes, algunos de ellos emblemáticos, como la Montaña Rajada, la Caldera del Corazoncillo y la Montaña de Fuego. Asimismo, se diferencia del resto de Parques Nacionales de canarias por su cercanía a la costa.

Cabe destacar que, ntre los años 1730 y 1736, las erupciones volcánicas que sucedieron en la isla de Lanzarote fueron las que dieron lugar al paisaje que conoces hoy como el Parque Nacional de Timanfaya. Podemos encontrar innumerables documentos históricos que relatan los acontecimientos vividos durante esa época en la isla de Lanzarote, procesos volcánicos que incluso obligaron a emigrar a su población.

El documento histórico más conocido es el manuscrito de Don Andrés Lorenzo Curbelo, cura Párroco de Yaiza, el cual relata cómo en 1730 la isla de Lanzarote se transformó completamente y decenas de pueblos quedaron totalmente sepultados por la lava:

«El 1º de Septiembre (de 1730), entre las nueve y diez de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya a dos leguas de Yaiza. En la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diez y nueve días. Pocos días después un nuevo abismo se formó y un torrente de lava se precipitó sobre Timanfaya, sobre Rodeo y sobre una parte de Mancha Blanca. La lava se extendió sobre los lugares hacia el Norte, al principio con tanta rapidez como el agua, pero bien pronto su velocidad se aminoró y no corría más que como la miel. Pero el 7 de septiembre una roca considerable se levantó del seno de la tierra con un ruido parecido al del trueno, y por su presión forzó la lava, que desde el principio se dirigía hacia el Norte a cambiar de camino y dirigirse hacia el NW y WNW. La masa de lava llegó y destruyó en un instante los lugares de Maretas y de Santa Catalina, situados en el Valle. El 11 de septiembre la erupción se renovó con más fuerza, y la lava comenzó a correr. De Santa Catalina se precipitó sobre Mazo, incendió y cubrió toda esta aldea y siguió su camino hasta el mar, corriendo seis días seguidos con un ruido espantoso y formando verdaderas cataratas. Una gran cantidad de peces muertos sobrenadaban en la superficie del mar, viniendo a morir a la orilla. Bien pronto todo se calmó, y la erupción pareció haber cesado completamente.

El 18 de octubre tres nuevas aberturas se formaron inmediatamente encima de Santa Catalina, que arden todavía y de sus orificios se escapan masas de humo espeso que se extienden por toda la isla, acompañado de una gran cantidad de escorias, arenas, cenizas que se reparten todo alrededor, viéndose caer de todos los puntos gotas de agua en forma de lluvia. Los truenos y las explosiones que acompañaron a estos fenómenos, la obscuridad producida por la masa de cenizas y el humo que recubre la isla forzaron más de una vez a los habitantes de Yaiza a tomar la huida, volviendo bien pronto, porque estas detonaciones no aparecieron acompañadas de otro fenómeno de devastación» .

Asimismo, existen documentos escritos que recogen los testigos de lo sucedido en aquellas erupciones volcánicas. Por ejemplo, los escritos del cura de San Bartolomé, don Baltasar Perdomo. En ellos se manifiesta que debido a dicha actividad volcánica que tuvo lugar en la isla, se formaron los volcanes de Tao, Volcán Nuevo de El Fuego (también llamado Chinero) y el volcán Tinguatón.

A pesar de ser un terreno de origen volcánico, en él crece vegetación como líquenes, geranio silvestre o los bejeques. Incluso, algunos reptiles y aves de las islas se han adaptado a las abruptas y volcánicas superficies del Parque Nacional de Timanfaya.

Existen otros espacios naturales muy famosos desde el punto de vista turístico y por su importancia geológica y ecológica. Hablamos de Los Jameos del Agua, situado bajo el malpaís del volcán de La Corona, o La Cueva de los Verdes que, a pesar de no estar situadas en el Parque Nacional de Timanfaya, son lugares naturales protegidos por su importancia ecológica y geológica.

En estas zonas habitan especies endémicas como el cangrecito ciego de los jameos o jameito, símbolo natural de la isla de Lanzarote.

Los Jameos del Agua como las Cuevas de los Verdes se tratan de túneles volcánicos que se formaron al fluir la lava hacia el mar. Debido a que la superficie más externa se enfrió antes que interior, se crearon unos tubos huecos que tras hundirse partes del techo dieron lugar a una serie de cuevas conocidas como jameos.

En Canarias la palabra “jameo” significa gran oquedad en el suelo provocada por el hundimiento del techo de un tubo volcánico.

 

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Leyendas históricas de Lanzarote y del Parque Nacional del Timanfaya

Podríamos estar hablando horas y horas sobre el Parque Nacional de Timanfaya pero la isla de Lanzarote esconde muchas leyendas. Las más conocidas y simbólicas de la isla son: la leyenda de la Olivina y la leyenda del diablo de Timanfaya. ¿Quieres conocerlas?

La leyenda del diablo de Timanfaya

Cuenta la leyenda que, cuando en el año 1730 estaba teniendo lugar las erupciones volcánicas en la isla de Lanzarote,  se estaba celebrando una boda entre una joven agricultora y un joven de buena familia de la isla.

Justo en el momento en el que iban a contraer matrimonio la joven pareja, una de las rocas expulsadas por los volcanes en erupción cayó sobre la joven. Su cuerpo quedó sepultado completamente por la roca.

Su futuro marido, en su intento de salvar la vida de la joven, levantó la enorme roca volcánica con una forca de cinco puntas. lamentablemnte, sus esfuerzos fueron insuficientes, no se pudo hacer nada por salvar la vida de la joven lanzaroteña.

Lleno de rabia por el amor que sentía hacia ella, agarró fuertemente la forca con la que intentó salvarla, cogió en peso a la joven y se dirigió hacia el valle de Timanfaya que en esos momento estaba lleno de ardiente lava.

Los testigos del lugar aseguran que tras caer la noche vieron al joven levantar la forca en lo alto del valle de Timanfaya y gritaron «¡pobre diablo!»

La sangre que fue derramando la joven por el valle de Timanfaya hizo que crecieran las plantas medicinales que cultivaban los padres de la joven agricultora lanzaroteña y, en honor a ambos jóvenes, las plantas recibieron sus nombres: Aloe (por el joven) y Vera (por la joven).

La leyenda de la Olivina

Una de las fábulas lanzaroteñas más conocidas en la isla es aquella que explica el origen del mineral verde brillante tan abundante en las tierras volcánicas de Lanzarote: la olivina u olivino.

Cuenta la leyenda que una joven pastorcita de ojos verdes llamada Olivina, lloraba desesperadamente a la orilla del mar de las playas de Papagayo tras perder una de las cabritas de su abuelo. Curiosamente, las lágrimas que corrían por su joven rostro no eran transparentes sino del mismo color verde esmeralda de sus ojos.

Cuando la diosa del volcán de Timanfaya se dio cuenta de la tristeza y de la bondad de la niña al preocuparse por el animalito, sepultó las lágrimas en las piedras volcánicas de su volcán: las actuales olivinas.

Hoy en día, los volcanes de Lanzarote están en calma, los volcanes del Parque Nacional de Timanfaya permanecen dormidos, pero han dejado un paisaje volcánico único en las islas del cual nos debemos sentir orgullos todos los canarios.

 

¿Qué es lo que más te ha impactado del Parque nacional de Timanfaya? ¿Hay algo que deberíamos destacar en este podcast? Déjanos tu comentario ¡Nos queremos enterar!

 

Creación, Redacción, Grabación y Edición del Podcast: Mónica Blanco (Las Américas)

 

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